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LA SIERRA NORTE DE PUEBLA RECUERDA Y HONRA A SUS MUERTOS Por: Antonio Madrid Foto: Javier de los Santos
HUAUCHINANGO, Pue.- 2 de noviembre de 2011.-Es la fiesta de Todos Santos en la Sierra Norte del Estado de Puebla. La víspera, los vendedores han llegado de todas latitudes para vender sus productos.
Chile ancho, chile mulato, chile pasilla (los necesarios para la preparación del mole), así como la nuez de castilla, cacahuate, canela, cacao, chocolate, almendras, pasas, ajonjolí, clavo, perejil, pimienta, que en conjunto, forman una variedad de aromas que remonta sin duda a lo narrado en la Historia General de la Nueva España. Es, aunque el lector pudiera dudarlo, el México prehispánico -con escasas variantes- en pleno siglo XXI.
En estos días la Sierra adquiere un sabor y color especial, pues aunado a las especias antes mencionadas, las frutas y legumbres también abundan como los plátanos en sus diferentes variedades, mandarinas, naranjas, jícamas, camotes y cañas entre otros.
El pan de muerto, sobra decirlo, se cuece aparte y también ofrecerá su aroma al visitante.
Margarita Anicio ha venido desde la comunidad de Xaltepec al tianguis en el nuevo mercado 5 de Mayo en Huauchinango, el cual esta vez el Ayuntamiento sólo le autorizó tres días para la vendimia. Llegó con un gran número de guajolotes que ella y sus hijos trajeron para expender. Todavía usa el traje tradicional indígena. Ofrece los totoles en su escaso castellano a los clientes que van y vienen en frenética búsqueda de las mejores ofertas.
Los gritos de los vendedores aturden.
El olor del copal invade el ambiente.
Y el humo le da un ambiente todavía más místico aún.
La flor de cempoalxochitl llena también la mirada con sus tonalidades que van del amarillo hasta el naranja y su característico aroma que se mete sin permiso en las narices de los marchantes.
Los portales de Xicotepec también se verán saturados de pollos y guajolotes que se ofrecen al cliente, en un tianguis multicolor y multiaromático que comenzará en la Reforma, ahí por La Choza, pasando por la panadería de Don Panchito y la mueblería Guadalupana, hasta llegar a Indio Triste y la oferta del tradicional pan de muerto, se agregará también el marquesote y las galletas esponjadas.
Y es que, hay fiesta en la Sierra.
La fiesta de Todos Santos, que llena las casas de altares, donde el arco vuelve majestuosa la ofrenda con todo tipo de productos, que van desde las frutas, las aromaticas tazas de chocolate, champurrado y atole, hasta los platazos de humeante mole y pascal y los montoncitos de tamales de alberjón, mole rojo y verde; llegando a la trasnacional coca cola, así como la cerveza y el cigarro, que si el difunto supo vivir la vida, bien debió haberlos probado.
En los patios, desde el zaguán hasta el altar, se puede ver ya el caminito con pétalos de flor de muerto, señal inequívoca que los difuntos están por llegar.
Algunos todavía lanzan cohetes (de hecho son muchos), pese a las restricciones de las autoridades, pues muchas veces gracias a dicha pirotecnia, la fiesta ha terminado en tragedia, con más de un muchacho quemado que ha tenido que ir a parar hasta el hospital.
Ahora que hay de altares a altares. Hay muchos que entre los estragos de la crisis perenne que vivimos los mexicanos y la desidia propia de nuestra raza y costumbres, hacen un altarcito como para salir del paso.
En cambio hay otros primorosos, que se exhiben con tal soberbia en las casas con las puertas abiertas de par en par, que los transeúntes no pueden evitar detenerse a admirar tal belleza, que tampoco deberá pasarse de ornamentos, a riesgo de parecer un armatoste de tan mal gusto que la gente exclamará sin pudor: ¡Que altar tan naco!
Es la fiesta de todos Santos en la Sierra y los panteones, tan solitarios de suyo a lo largo del año, en estas fechas se verán atiborrados de vivos que visitan a los muertos, llevando flores y algunos haciendo su picnic en pleno camposanto, ambiente tal que servirá para contar irremediablemente anécdotas de aquellos parientes que se nos adelantaron en el camino a Mictlan.
Es la fiesta de Todos Santos en la Sierra.
Una fiesta que perdura, pese al correr de la modernidad.
Porque pese a lo que digan muchos, al fin y al cabo, el haloween nos pela los dientes. |