| LA AGENDA DE LA ALTERNANCIA XXVI |
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SICILIA Y CALDERÓN Por Alberto Amador Leal El dialogo –inédito-entre los familiares de las víctimas de la violencia, unidos en torno a Javier Sicilia, y el Presidente Calderón; tendrá hondas repercusiones en la vida pública de la Nación quizás mayores a las expectativas de los propios protagonistas. El encuentro tuvo claros y oscuros pero debe reconocerse, más allá de las intenciones mediáticas de los comunicadores del gobierno, que abre una valiosa oportunidad para modificar las relaciones de los hombres del poder con la sociedad, en un momento singular. Veremos en los próximos encuentros con los otros poderes y los Partidos si esta tentativa nacida, no lo olvidemos, del dolor y la indignación, contribuye a contener la tendencia creciente a la polarización y las rupturas rumbo al 2012 que, en medio de la violencia entre el estado y los criminales, podría conducirnos a escenarios de inestabilidad, luchas fratricidas y pérdida de soberanía, irreparables. La distancia entre el poder y la sociedad agraviada no podía ser más evidente en las imágenes que nos transmitió la TV: por un lado la pulcritud y elegancia de los funcionarios con rostros y vestimenta preparados para el escenario, la soberbia del poder en la dura mirada y el lenguaje apasionado y frio de quién se asume por encima de sus interlocutores. Por otro, la sencillez de los representantes, sus rostros ajados y la mirada triste a causa del agobio y el sufrimiento y la lucidez y serenidad de Sicilia, imprimiendo a los hechos, con el lenguaje del poeta, un peso específico mayor. El inteligente llamado de atención de Sicilia al Presidente respecto de que se encontraba ante hombres y mujeres sin ambiciones políticas, sin ansías de poder y, sí, con huellas abiertas por la pérdida de seres queridos entrañables tuvo el efecto de disminuir temporalmente la dureza del hombre de poder y allanó el camino para un dialogo intenso. El Presidente concedió que pudo haber errores, pidió perdón por no tener capacidad para defender a las víctimas, repartió culpas entre poderes y órdenes de gobierno y concluyó reconociendo que la guerra la inició como pudo, sin estrategia y sin las reformas pertinentes por qué no había tiempo de hacerlo. Acepto que será recordado no por su obra material, sino por 40 ó 50 mil muertos. No han sido pocos los que han criticado a Sicilia por qué no rebatió la obstinación presidencial por mantener inalterable su estrategia, de hecho la posición estaba fijada desde el momento en que asistió a la reunión el Secretario de Seguridad cuya renuncia ha sido solicitada por el movimiento. Lo que el Presidente Calderón reiteró fueron los argumentos que justifican la estrategia y la lamentable pérdida de vidas humanas como un mal necesario e ineludible. Por su lado los comunicadores del Gobierno y el propio titular del poder ejecutivo, podrían echar por tierra lo alcanzado al convertir el contenido de la reunión en instrumento de propaganda para relanzar la estrategia mediática a favor de la guerra contra el crimen organizado. O ¿Qué sentido tiene enviar capsulas en el twiter presidencial sobre los argumentos esgrimidos? Ni unos ni otros han entendido lo que significa, en medio de la espiral de violencia incontrolable y de la creciente ausencia de valores, la pérdida de seres queridos. Menos han entendido lo que para un ser humano significa perder un hijo o una hija, como ha sido el caso de Sicilia. Quienes hemos tenido esta tragedia, sabemos que todo cambia, la forma de pensar , las prioridades, el deseo de redención por lo que no se hizo por ese ser entrañable, la búsqueda de valores que trasciendan la cotidiana expresión de las pasiones, entre de ellas las del poder. En fin es una herida abierta que lo mismo puede dar paso a momentos de rabia y confusión que a la serenidad y la lucidez para proponer nuevas formas de ver el mundo y la vida. Me parece que Sicilia está en este momento en que el dolor y el recuerdo le dotan de capacidad para ver más allá de lo que comúnmente lo hacemos, de concebir desde su propia introspección formas de entendimiento para detener lo que parece irremediable: la fractura de los cimientos de este país que se llama México. La entrega del escapulario no es un asunto de subordinación al poder presidencial- mal hace el gobierno en presentarlo como tal- es un símbolo. Es hacerle ver al poder que atrás de los cientos de objetos, cartas, demandas, denuncias recibidas en la marcha por la justicia y dignidad, hay sufrimiento y dolor de personas de carne y hueso. Es decirle a Calderón, quien ha declarado su ferviente fe católica, que es momento de hacer valer esos principios y valores cristianos; tanto como de reconocer desde su función de Jefe de Estado lo que no ha funcionado. Con cuarenta o cincuenta mil muertos es, científica, jurídica, política y moralmente imposible justificar una política de seguridad que hoy es entendida como errónea y por tanto debe ser rectificada, antes que termine por colapsar a la nación. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |