| LA IMPORTANCIA DE APELLIDARSE JIMENEZ |
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MUCHA TELA DE DÓNDE CORTAR Por José Luis Huergo Huauchinango no produce sino políticos rateros y uno que otro remedo de periodista, mala tierra, hasta la hierba (así se escribe, Pituca, hierba, no yerba), agria, traicionero hasta el clima y no hay más ejemplos a seguir que los políticos, desde los Jiménez Morales, los Amador y se andan queriendo colar otros, pero no acaban de cuajar. El pueblo, generalmente, es de flojera, aburrido, no hay acción, un triste cine de cuarta es la única diversión, chiles en nogada con nuez falsa y cosas por el estilo son los paliativos de los habitantes del lugar. Pero Dios guarde la hora cuando hay elecciones, entonces todos se constituyen, dado que no tienen más escuela que la política, a la grilla, faltaba más. Desde el perrango con sombrero de charro, hasta el capataz con tremendas camionetas, fruto de campañas anteriores. Herederos de escuela política, los Amador, conocen el juego, siguen al frente, mientras que los Jiménez, uno con universidad privada y agencia de autos, despreocupado de la vida y olvidado de la política, pero el otro, José Mario, busca siempre la manera de armar ruido. Pero sin dinero nomás no baila el perro. José Mario siempre se arrima por donde no es, mala costumbre. Ya tuvo la buena suerte de ser diputado. Ahora, dice, quiere ser senador. Pero ni tantito lo quieren en el PRI. Busca a los amigos, que le presenten a sus amigos. Y cree que, disfrazado de león, le van a creer. Muy greñudo para gato, muy pelón para león el pobre. Pero siempre hace lo mismo, ruido nomás, al rato se sale de las campañas, con un dineral en las bolsas. De hueva, casi peor que la dupla Urzúa Edgar ¡Oh, cielos! Se llenó la hoja. Nos vemos, pues. |