MUCHA TELA DE DONDE CORTAR José Luis Huergo
Le cuento, Don, que el lunes se llevó a cabo un simulacro de temblor en la Puebla capital.
-¿Dónde te agarró el temblor?
- En las escaleras, wey, se siente regacho. ¿Y a ti donde te agarró el temblor?
- En las piernas, hombre, con la cruda que traía se me olvidó que era simulacro.
Y no fue el único caso, pues, a falta de información no faltaron los que se fueron con la finta, algunos hasta cayeron en oración a media calle, dando voces estilo:
¡Esto es un castigo por las matanzas de Calderón!
¡Son los Zetas!
Y así.
Los que ni se despeinaron fueron los diputados, la gran mayoría porque ni estaban en su lugar.
Como era de esperarse el impopular Condorito (léase Edgar Sánchez) representante nomás de sus propios intereses y que muy de casualidad hace pie en el Congreso, pos menos fue, a lo mejor porque no entiende la palaba simulacro y pensó que iba a temblar deveras.
Lo malo con este diputado por rebote, es que ni entiende sus obligaciones, ni es líder.
Quien esto escribe, visita el Congreso un promedio de dos veces por semana y en la mayoría de las oficinas de los legisladores hay actividad, iniciativa, gente con capacidad de respuesta, menos en la correspondiente al tal Edgar Sánchez, ahí se la pasan haciendo sus granjitas en Facebook, echando novio las unas, novia los unos y novio los algunos, usando, desde luego, las líneas del Congreso, pagadas con nuestros impuestos, y nunca tienen la menor idea de dónde anda el quesque diputado.
Mire usted, un líder es aquel que sabe organizar a la gente a su servicio, de modo que no es necesaria su presencia dando órdenes, para que su equipo funcione.
Nada más lejos de lo que se vive en esa oficina.
A propósito de Protección Civil, en el 2009 prevenimos al Seudomédico Omar, quien estaba al frente de esa dependencia en Huauchinango, sobre el enorme riesgo que representa el cerro ubicado frente a Patoltecoya, dado que los ñores de ICA realizaron cortes que presagían se desmorone en cuanto caiga un trancazo de agua como el del 99, lo que ocasionaría una tragedia terrible, pues dicho cerro prácticamente cubriría Patoltecoya.
En aquel entonces el paramédico que presume de doctor, nos dijo que ya había presentado un escrito sobre el particular ante Protección Civil Estatal, sin mostrarnos una copia, ni hacernos saber, jamás, si dicho escrito había sido respondido.
Investigamos en Protección Civil del Estado y la realidad es que Omar (no recuerdo su apellido, lo seguro es que no es doctor) jamás presentó escrito alguno.
Total, terminó el negro trienio de Rogelio López Angulo, las ratas abandonaron el barco y fue Manuel Trejo Rojas, conocido con el simpático mote de “El té de Yerbabuena”, por aquello de que no sirve para nada, pero cae bien, quien retomó la dependencia, donde se había destacado en el trienio de Carlos Martínez Amador, precisamente por no hacer nada.
En su oportunidad le planteé el asunto y le sugerí presionara a ICA, dado que aquellos no reparan nunca lo que destrozan, pero es la hora en que no mueve un dedo.
Por supuesto, también hablé sobre el particular con los diputados Ricardo Urzúa (Ungenio) y Edgar Sánchez (Condorito).
La respuesta en todos los casos ha sido de indolencia absoluta, tal parece que las vidas humanas en constante riesgo les importan un carajo.
Sólo resta, pues, encomendar Patoltecoya y sus habitantes al Sr. del Santo Entierro, pues aún no termina la temporada de huracanes.
¡Recórcholis!
Se acabó el espacio.
Este escrito fue perpetrado en Isla de Tris, Campeche, con el rumor de la Mar Océano como música de fondo, siendo las 20:30 horas del 25 de Setiembre del año de Dios Dos Mil Once, estando en pleno uso de mis facultades y con las musas abanicando dulcemente las brasas de mi inspiración. |