| RUMBO AL 2012 OCTUBRE 24/2011 |
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DEMOCRACIA Y PODER Por Alberto Amador Leal Las vocaciones por la democracia y el poder suelen ser concomitantes en los procesos de cambio y ascenso social contra el statu quo; pero también antagónicas, o simplemente tensas, cuando se trata de consolidar o retener el poder. Es en este último sentido que apunta la determinación del CEN del PAN de acotar la elección de su candidato a la presidencia de la República y, asimismo, de reservar la nominación del 40% de las candidaturas de senadores y diputados, a la propia dirigencia nacional. Se trata de una mediada drástica, evidentemente alejada de las tradiciones panistas. Pero es una determinación de sobre vivencia - Calderón dixit: renovarse o morir- del grupo político que hoy predomina en ese Partido y que, además, detenta el poder presidencial y el de varias entidades federativas. No se trata de una medida aislada, sino parte de una estrategia para detener al PRI a y a su principal aspirante Enrique Peña Nieto, así como el ascenso de López Obrador que, como el Cid campeador, parece volver por sus fueros. Parte de esta estrategia lo es también: la impresionante movilización para que María Luisa Calderón se alce con la victoria en la elección de Michoacán; las múltiples tentativas de dividir a las fuerzas políticas y de, literalmente, arrinconar al enemigo en todas las trincheras ; las determinaciones próximas en torno a las concesiones de radio y TV; la politización de la lucha contra el crimen organizado- incluyendo el uso de información interceptada- y , en suma, la polarización que crece y se multiplica día a día. Uno de los destacados estrategas ha comentado que si el remedio funcionó en el 2006 porqué no en el 2012. Es posible. Información es poder, aún cuando la información bruta, sin contexto y sin análisis juicioso puede conducir a desestimar la dignidad de las personas y al autoritarismo, que en medio de la crisis de seguridad, de empleo e ingreso y del creciente encono social, puede despertar reacciones y movimientos impredecibles.
Por lo pronto el contexto favorece la candidatura de Ernesto Cordero, aún cuando su imagen no remonte en la percepción ciudadana. La estrategia requiere de un guerrero que encarne la polarización, no de figuras como Creel o Vásquez Mota que apuestan, por lo menos en la forma, a los valores propios de una sociedad plural. Apunta también a la apertura de un amplio espectro de alianzas con sectores, grupos, o personas en todos los ámbitos regiones y distritos que, de acuerdo a su potencial, podrán ser parte del listado de candidatos. Un elemento más es la agenda en los estados donde habrá elecciones concurrentes, que mal atendida por el PRI y el PRD, podría definir la elección presidencial. ¿Es legítimo que el Presidente Calderón y los gobernadores del PAN, apuesten a una estrategia de polarización como esta? Políticamente si. Jurídicamente deberían evitar el uso de recursos públicos, no entrometer las acciones de seguridad y no interceptar comunicaciones privadas o utilizar información residual de intercepciones que cuenten con el aval judicial, prescrito en la constitución. Desde la óptica de la ética pública sería deseable que con visión de estado y con un referente axiológico de la democracia; se medite en las consecuencias de una estrategia de esta naturaleza en un país moralmente devastado. Sobre todo si, como sucedió en el 2009 y parcialmente en el 2010, la estrategia fracasa y deja una estela de agravios, rupturas del tejido social y personajes e instituciones publicas sin crédito ante la sociedad. Es decir un montaje de factores y conflictos para catalizar el caos. El hecho de que en algunos periodos del pasado los entonces dirigentes del PRI hayan incurrido en desatinos similares, no justifica ni moral ni políticamente que se repitan las mismas prácticas. Sabemos que es difícil , no somos ingenuos. En la tensión entre vocación democrática y vocación de poder, suelen imponerse las ambiciones y las pasiones y extraviarse los valores y los principios. De ahí que sea pertinente recordar los riesgos y algo quizás, por ahora imponderable: ¿Qué papel se aspira a ocupar en la historia? |