| RUMBO AL 2012 |
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AFAN DE ASIMILAR LO LOCAL Y NACIONAL Alberto Amador Leal Después de julio del 2010, encabezamos esta reflexión semanal con la denominación: “La Agenda de la Alternancia”. Aludimos una y otra vez a los supuestos teóricos, a la alternancia como un valor de la democracia, a los beneficios del cambio de un partido a otro en el poder, también alertamos sobre los riesgos y aventuramos algunas propuestas metodológicas y operativas. Por ahora, todo indica que los alcances y los límites de la alternancia en Puebla están ya definidos. En el cúmulo de proyectos materiales de gran visión, en el cambio del calendario para hacer concurrentes las elecciones locales con las federales, en la hondura de los programas de educación y salud, en la estrechez que se ha autoimpuesto el poder legislativo, en la gradualidad de los cambios en el Judicial; en fin, en el claro perfil de un liderazgo fuerte del titular del poder ejecutivo, acorde a la tradición presidencialista de la República, me parece que se ha prefigurado ya la suerte de la alternancia en Puebla. Habrá que esperar como decantan los cambios, el esfuerzo institucional y las contradicciones, para integrar desde la experiencia académica una visión objetiva de lo que será, y de lo que pudo haber sido, esta señera etapa en la historia de Puebla. Por lo demás, en la medida que las contingencias propias del cambio político y del ejercicio del poder se muestran en su esencia, la mayor de las veces de manera cruda, por cierto asumidas con naturalidad por la propia sociedad; parece rutinario hablar de una agenda de la alternancia. La realidad es que las transformaciones de fondo en el régimen político, salvo los chispazos de cambio institucional experimentados en Oaxaca, parece que no vendrán de los estados; tendrán que ser fruto del un nuevo pacto social que podría surgir en el contexto de las elecciones del 2012. Es así que hemos optado por insertar, a partir de ahora, estas modestas reflexiones públicas en ese entorno que envuelve ya la cotidianeidad no solo de la política sino de la vida social misma: las elecciones federales del 2012. Se trata de un acontecimiento fundamental. Así ha sido en la historia de México. Es en la trama de la sucesión presidencial, que las tensiones contenidas se liberan, comúnmente explota el hartazgo social, se desatan los nudos de los intereses contrapuestos y, finalmente, se desnudan las ambiciones y las pasiones que son concomitantes a la lucha por el poder. Pero además de esta apreciación, propiamente existencialista, se presentan riesgos que deben ser ponderados. No son pocas las tragedias que se han dado en torno a la sucesión, los riesgos y las acechanzas serán inevitables. No son pocos los que por audacia o por desesperación, suelen poner en vilo a las instituciones, a los partidos o a la sociedad misma. Un elemento más que hace pertinente la reflexión sistemática sobre este proceso es que en su calidad, en su apego a los valores democráticos, en su capacidad de hacer de la confrontación y el debate públicos instrumentos eficaces del cambio; estriba la posibilidad de que la Nación destrabe, de manera pacífica, los obstáculos que están limitando, la igualdad, la libertad, la seguridad y en general el bienestar y el desarrollo. Como decía Karl W Deutsch: “La política afecta todos los aspectos de la vida y aún la vida misma: afecta el olor y el aspecto de nuestras ciudades; la seguridad y dignidad de las personas en las calles; nuestra experiencia de justicia o injusticia; nuestros estilos y esperanzas de vida”.La tentativa que hoy iniciamos no es, entonces, un ejercicio vano, de mero protagonismo o que deba circunscribirse a la simpatía o condena de tal o cual interés partidista. Aspira a poner en relieve aquellos hechos, nacionales y locales, que para bien o para mal estén modulando el curso del proceso sucesorio. El análisis de los tiempos y los hechos, su congruencia, la nitidez o doblez de las actitudes, las contradicciones partidistas o de gobierno y los riesgos y amenazas al interés público, así como la respuesta social y ciudadana.A manera de ejemplo, lo sucedido en los ámbitos nacional y local, en la semana que antecede a la actual, abre múltiples interrogantes: ¿Entraña la participación electoral del ex secretario de hacienda Ernesto Cordero y el realineamiento del gabinete, afín a su proyecto, la vuelta a la promoción de candidatos desde la cúspide del poder presidencial, bajo el argumento de razones superiores de estado? ¿Hasta donde la judicialización de la deuda de Coahuila, que afecta al Presidente del PRI Humberto Moreira, y de la corrupción respecto de la regulación de casinos en Monterrey, que atañe al Presidente Municipal Fernando Larrazábal militante del PAN; se inscribirán en actos del ámbito propio de la justicia o, más bien, en las estrategias coyunturales y mediáticas de los partidos? Otra más: ¿Que sentido y repercusiones tendrá el debate, ya aceptado por ambos personajes antagónicos, entre AMLO y Salinas? En el caso de Puebla: ¿Cuáles son las consecuencias de las rupturas en la alianza en el poder, compromiso por puebla, y al interior del PAN, para la gobernanza del estado? ¿Que gana el PRI, ayuno de proyecto y estrategia locales, aferrado solo a la imagen de Peña Nieto y a la inercia del pasado inmediato, con foros de consulta vacios de contenido, anemia democrática en la elección de dirigentes municipales e integración de consejeros sin representación social y política ? ¿Como y en que momento el movimiento social de tradición libertaria en Puebla, rebasará a las vulnerables estructuras y estrategias de los partidos de izquierda? En fin, a partir de hoy esta colaboración se enfila Rumbo al 2012.Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |