ESTRUCTURAS CRIMINALES INTACTAS EN MÉXICO A pesar de muchos políticos, los ataques de seguridad pública en contra del crimen organizado y delincuencia no han podido erradicar las estructuras que los impulsan. Por Ricardo Marín
PUEBLA, Pue.- 7 de junio de 2011.-NSN.- Hoy el problema de México, según nuestro presidente sigue siendo el narcotráfico, estos acontecimientos que han dejado todos los estados de nuestra República manchados de sangre tanto de gente inocente como integrantes del crimen organizado, esta decisión de exterminio al crimen organizado tomada por nuestro presidente Felipe Calderón Hinojosa se ha convertido en un asunto relevante que traerá las secuelas en forma colateral, no descartando el incremento en índice de pobreza.
La marginación o la economía; sobre todo porque se ha transformado en un tema central y cotidiano para la opinión pública. De suerte tal que el asunto de las drogas hoy se presenta con más o menos matices, dependiendo desde dónde se le mire.
Por ejemplo, desde los archivos y el punto de vista de la opinión pública, actualmente existen dos perspectivas, por decirlo así: una, que es la versión oficial que como todos sabemos en su mayoría siempre deforma la verdad, es aquella que ha logrado la implementación de medidas legales que pretenden una reflexión políticamente correcta sobre los acontecimientos violentos que se viven en nuestra sociedad.
Todos los mexicanos sabemos que quizás no sea posible tener una política perfecta y que esta no debe serlo, pero sí podemos hacer un análisis sociológico de la incorrecta política de seguridad que se vive en México; sólo de esta manera podremos resistir y denunciar las masacres, decapitaciones y todos los horrores que conocemos, así como todo aquello que no se difunde, prácticas para el control de las drogas en México, cuya visión se encuentra centrada no sólo en la erradicación de la producción y el tráfico, sino en el consumo y en la persecución de los principales líderes de los carteles que operan en nuestro país.
Es una mirada apoyada frente al presupuesto de que estamos ante un mal perverso que afecta a la sociedad y que los mismos políticos están involucrados, un cáncer maligno que hay que erradicar pero desde el fondo de nuestros hogares con una dedicada educación moral; estamos frente a una plaga minoritaria de delincuentes que tenemos que combatir por motivos sociales, políticos, estratégicos y morales.
Por ello estamos ante la necesidad imperiosa de sostener una guerra total contra este flagelo, con una actitud fuerte y de mano dura que decididamente nos libre de esta amenaza letal. Bajo esta consideración, como se puede advertir, subyace la identificación de considerar al narcotráfico como un problema real.
EL NARCOTRÁFICO Y SU CÁNCER ENCONOSO QUE HA LLEGADO A MILITARIZAR NUESTRAS CALLES.
La otra perspectiva es la de la ciudadanía, que se ha visto profundamente impactada, tanto por la ola de violencia como por el resultado del reacomodo y la disputa de las plazas más poderosas de la política mexicana que han sacrificado a la ciudadanía sin importar lo que esto provocó, como la ola de inseguridad y las constantes violaciones a las garantías individuales y los derechos humanos por parte del Ejército y la Policía, resultado de la lucha implementada para la contención y persecución del crimen organizado,
Sin embargo, la implementación de las estrategias puestas en práctica en este sexenio, han sido severamente cuestionadas desde el arribo al poder de Felipe Calderón en el 2006.
Primero porque, a pesar del incremento en el gasto para seguridad pública, la inseguridad no ha disminuido, y que conste que no sólo es un asunto de percepción, y aun cuando en México la tasa de homicidios es más baja que en otros países.
Segundo, porque no obstante los espectaculares operativos en los que se han detenido a varios capos importantes, las estructuras de las cuatro organizaciones del crimen organizado siguen intactas: el cartel de Juárez, el cartel de Sinaloa, los Zetas y la familia michoacana.
En consecuencia, el problema de la violencia que hoy vivimos no es el “deja vu” de un pasado imaginario, sino el recuento de una frustración vigente clausurada por la ausencia de justicia social, económica y jurídica que solo se preocupa por el qué dirán los medios de comunicación sin fallo al no aceptar que son mandos sin experiencia en el área operativa.
Como se puede advertir, el tema de la seguridad y el narcotráfico, si bien no es un tema nuevo, sí ha provocado confusión, temor e inseguridad en gran parte de los mexicanos, como resultado de la notable expansión de una violencia acelerada que pareciera no tener diques de contención en la justicia.
Las ejecuciones en gran parte de las ciudades de nuestro país, el incremento en secuestros, desapariciones, levantones y la aparición de grupos armados al servicio de empresarios que pretenden hacer justicia por su propia mano, nos muestran un sistema político profundamente cuestionado, cuyas estructuras se han fracturado no sólo por las crisis económicas o políticas que recurrentemente hemos vivido, sino que a ello tendríamos que añadir la polarización política que cada vez es más oscura y agresiva con el que quiere transparencia en torno a la utilización de los métodos y estrategias de aplicación de la justicia.
Dichos métodos en el área de seguridad pública son totalmente violentos y han producido constantes violaciones a los derechos individuales de los ciudadanos demostrando con estos procederes la falta de capacidad de los funcionarios recomendados que ocupan los diferentes puestos importantes en el área de impartir justicia, además que dan a entender con su soberbia ignorante que las legislaciones y leyes aprobadas de nuestros senadores y diputados donde se ha hecho creer que pretenden erradicar los sangrientos interrogatorios y arrestos han sido en vano, estos actos han incrustado en la mente de la ciudadanía para toda la vida, el repudio de una gran cantidad de académicos, periodistas, defensores de los derechos humanos y políticos contrarios al actual gobierno federal.
Y vale la pena recordar que si aceptamos que es un gobierno dirigido por un abogado, sabedor de la importancia que adquieren los derechos y las garantías individuales para un pueblo que, paradójicamente, es el que más violaciones humanas ha tolerado con la puesta en escena del Ejército mexicano, la Marina Armada de México y las diferentes corporaciones policíacas municipales y estatales en las calles de nuestras ciudades.
En este sentido, pretender una reflexión políticamente correcta sobre los acontecimientos violentos que se viven en nuestra sociedad quizás no sea posible, pero sí podemos hacer un análisis sociológico de la incorrecta política de seguridad que se vive en México; sólo de esta manera podremos resistir y denunciar las masacres, decapitaciones y todos los horrores que conocemos, así como todo aquello que no se difunde. Para lograr nuestro propósito partimos de las siguientes interrogantes:
• ¿Hacia dónde va nuestra sociedad con la práctica de una violencia exagerada?
• ¿Será cierto, como afirman muchos analistas, que verdaderamente estamos jodidos?
• ¿Cómo debemos leer la política de intervención del gobierno en materia de seguridad?
• ¿Hasta dónde es descabellado pensar que el Estado ha utilizado a las fuerzas armadas como un brazo ejecutor de limpieza social, instrumentando un escenario de tensiones, ejecuciones y confrontaciones violentas, con el propósito de sostener una condición de temor en la sociedad civil?
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