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POR LA SALUD MENTAL DEL MEXICANO Por Raúl Picazo El daño que causa es también un malestar emocional, algo incontrolable al menos que soltemos una grosería a la pantalla o al periódico dónde intenta posar con su rostro impúdico, ya que, figura publica, tenemos que tragarnos todos los días una buena dosis de sus palabras, retorica aplicada que se sucede como verborrea para callar las masas. No vamos por buen camino señor presidente, y eso usted lo sabe. Una cosa es que traten de mentirnos y otra es que aceptemos las mentiras. El sistema económico capitalista requería de reformas para avanzar a ese aniquilamiento del estado que hoy vivimos. La extinción de Luz y Fuerza del Centro era algo que se veía venir y no habría forma alguna de pararlo. Era un punto en la agenda, una de bastantes posibilidades para entregar poco a poco la nación a grupos hegemónicos estadounidenses. Pero, acaso estoy diciendo algo que nadie sabe. Cualquier persona que se encuentre medianamente informada tiene la capacidad para discernir entre actos para la nación y actos entreguistas. Felipe Calderón tenía la presión de hacerlo, urdieron un plan y atacaron. Sin aviso y sin demora. Después, todo estaba dicho. Saltó a pantalla para mentir a las familias, para conciliar sus actos con sus palabras y ver de qué modo hacía a un lado el enojo que nos embargaba. Calderón hizo del pueblo un hervidero de pensamientos a futuro, un daño psicológico que pocos ha sabido sortear. La vida es una sola. Había gente que iba a media carrera y de un momento otro detuvieron su andar, es como si fuesen descalificados de un maratón por un juez corrupto he ineficiente. Dañaron la moral de los electricistas más que de los bolsillos. ¿Qué intereses empresariales perjudicaría si hubiese caminado por la legalidad? Qué le costaba a Calderón encontrar una salida viable al conflicto, cosa que no ha hecho desde aquel día que por decreto desapareció una empresa con historia, que mantenía a miles de familias. Habría que ver su acto ya no desde la mirilla política, porque de eso el tiempo nos ha dado referendo. Sino desde el punto psicológico, ya no desde lo económico, no desde el sindicalismo, sino desde aquel punto humano que es el bien común para la nación, un bien que se ha ido al carajo por la ineptitud de un sujeto el cual no ha sabido encarar los problemas de su pueblo; de un país que sangra por toda aquella bruma que se forma en las cúpulas de poder. Arriba, siempre arriba. Con sujetos que no saben absolutamente nada sobre el sufrimiento por hambre, sed o frio. Sentados en su curul, ven la vida realizada, pensando que escriben paginas de gloria para los mexicanos. El sentido común de Calderón no radica en mirar el bien de los ciudadanos, sino encontrar posibilidades personales que lo hagan participe de la historia del capitalismo en México. ¡Pero qué digo! Si Calderón nos ha dado un golpe certero y no hemos sopesado la posibilidad de tumbarlo, es quizá porque a pesar de su estatura, lo seguimos viendo como un ente superior. Calderón tiene la culpa, así como todos aquellos que lo mueven, su presencia no es pertinente para la salud mental de mexicano. Calderón no es presidente y jamás aprenderá a serlo. |
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