OBSERVATORIO POLITICO Por Maquiavelo
A punto de iniciar el nuevo proceso electoral, las aguas se agitan y a algunos amenaza un oleaje de fondo.
Para el próximo candidato a diputado federal no está nada sencillo el panorama luego de que el titular por el escaño del 01 Distrito Electoral Federal con cabecera en Huauchinango, Ardelio Vargas Fosado “pidiera permiso” para ir a tomar posesión y encabezar la política del big stick del gobierno estatal que tan bien le ha salido y tan mal ha caído.
Los enroques que a partir de ese momento se dieron ubicaron al suplente, Ricardo Urzúa, cuyo nombre, si no mal recordamos no era siquiera medianamente mencionado en la campaña política del llamado Comisario de la Sierra, como diputado propietario en el Palacio de San Lázaro.
Desde esa fecha para acá, que fue el inicio de esta administración estatal morenovallista, ni siquiera el pelo se le ha visto.
Urzúa, ajeno completamente al sentir popular y menos para resolver la cotidianeidad que tan adversa y aleve es a un electorado que votó con la esperanza de tener en Vargas Fosado algún hombro en el que dejar caer sus cuitas por provenir éste del campo, gente sencilla, que en el pasado lejano se sentaba a departir con los campesinos, a imagen y semejanza de lo que hacía Alberto Amador Leal, hoy que se trocó en partir a garrotazos a sus paisanos, quedó corrido.
Ni qué decir de Urzúa, cuyas ínfulas como el Señor de los Cielos serrano no hace pie a tierra y deja en el desamparo a quienes siguen con la esperanza de ser escuchados por algún representante popular que ofrezca resquicio de solución a los múltiples problemas de caciquismo, abusos de autoridad, corrupción en la procuración y administración de la justicia, litigios de tierra, abandono político y marginación brutal, porque desde su helicóptero bien poco se le puede pedir a menos, claro, pudieran tener algunos espejitos para que cuando la aeronave pase por las alturas en los pueblos marginados de la sierra, “espejeen” desde tierra para ver si los ve, baja y atiende. Lo que no pasa de ser, como en los antiguos textos, una quimera.
De allí que el próximo candidato a diputado federal deberá tener el carisma suficiente para poder aspirar no sólo a una representación partidista, trátese del partido que se trate -dado que vivimos una brutal cuanto insalvable partidocracia porque ideología política ya no hay- y de allí en adelante tener el suficiente capital no sólo político, sino económico para poder hacer frente a la embestida.
De entre todos estos sobresale Carlos Martínez Amador no sólo por sus dotes políticas que a la fecha le merecen un capital que aparte de ser envidiable para algunos de los suspirantes, el priísta mantiene una estrecha presencia en las comunidades serranas al grado que no se le ve quién o quiénes podrían hacer un contrapeso para defenestrarlo al final del proceso de selección de candidatos, sobre todo del PRI.
Sin embargo sus enemigos políticos, adentrados, precisamente, en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por de allí provenir, pretenden a toda costa marginarlo y evitar que sea su abanderado oficial.
Si bien el capital político de muchos de ellos es bueno, o tan bueno como el de Carlos (otro Carlos, Mon Dieu) Villalbazo Giorgana, flamante concejero nacional del tricolor, o el de Zenorina González Ortega, actual legisladora local por Xicotepec de Juárez no les alcanza, aún, para poder hacer sombra al del fierro amadorista, dado que implica, además de trabajo, dinero y esfuerzo, movimiento aunque algunos, a diferencia de la tesis de Diógenes de Sínope quien dijo que el movimiento se demuestra andando, prefieren quedarse sentados y no hacer olas en medio de esta marejada que amenaza con ser una tormenta política perfecta, tal cual sucedió en Huachi el pasado 4 de julio de 2010. Y si no, al tiempo. |